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Muchas veces hemos escuchado que regresar el origen de las cosas o de los problemas es esencial para comprender lo que paso, las causas que desencadenaron la situación actual, o simplemente conocer para poder avanzar. Podrían darse miles de lecturas y formas de comprender esta frase; sin embargo, lo que me ha inspirado sentarme a escribir compartir una experiencia personal basada en la importancia de volver al hogar, los orígenes de la familia, nuestra historia, dónde comenzó, quiénes somos y cómo nos construimos y reconstruimos  desde el momento previo a la concepción de nuestra vida hasta el día de hoy.

Si bien el viaje a comprender  mis orígenes inicio hace más de una década, estas navidades  tuve la oportunidad de regresar a  casa,  un reencuentro lleno de sentimientos, detalles, anécdotas, pero sobre todo de preguntas  que se iban hilando una a una, como quien va descubriendo las fichas de un gran puzle que esta a medio armar.

Entonces, en medio de una mañana bañada por el frio Bogotano, estábamos allí, padres y hermanos reconstruyendo recuerdos de mi llegada al mundo. Las preguntas empezaron a surgir, y la curiosidad se hacia cada vez más grande gracias a los detalles que iban apareciendo a lo largo de las narraciones  y  recuerdos  que guardaba cada uno de mis hermanos de lo que fue aquel momento. Era curioso sentir  las emociones  de cada uno sobre  mi llegada al mundo, qué esperaban, qué les atemorizaba, pero sobre todo  era hermoso ver en sus almas inquietantes la necesidad  de  descubrir también sus propias historias.

Allí, en medio del salón, entre risas y miradas sorprendidas por lo que estaba pasando, me di cuenta que  no era solo yo quien  necesitaba  volver al origen;  repentinamente, es mi madre quien toma la palabra y comienza a narrar con voz cálida y melancólica la experiencia de mi nacimiento,  un momento doloroso ya que medicamente anunciaban la muerte de una de las dos. La mirada profunda de quienes estábamos allí se aguardó para escuchar lo que algunos llaman experiencia cerna a la muerte. Y  allí estaba yo, recordando escenas propias de aquel momento revividas entre sueños y regresiones,  solo que esta vez los recuerdos eran consientes y venían de la voz de  mi madre. Cada una de sus palabras estaba llena de amor profundo, de una necesidad de contar y compartir aquella experiencia cargada de sentimientos tan contradictorios como el  dolor y el miedo a la muerte, contrastados con la alegría de la vida y el nacimiento.

Así, aquello que inicio como un desayuno familiar compartiendo un chocolate para el frio, término siendo un momento de “volver” desde la sanación y la comprensión  de mi propia historia. Así  pase  varios días sintiendo la fuerza de la tierra que me vio nacer, rescatando en mi olfato los olores propios del hogar que guarda aromas únicos que reviven   miles de recuerdos, revisando  álbumes viejos que guardados en anaqueles conservan parte de la historia familiar, pero sobre todo dejando que mi ser y mi alma se llenaran de cada una de esas experiencias  para poder reconciliar y seguir construyendo mi presente desde la perspectiva de volver a mis orígenes, conocer y comprender mi historia para seguir escribiendo el libro de mi vida.

Uno de los inspiradores del trabajo de (Terapia de Vidas Pasadas) es el  doctor Brian Weiss,   graduado de las universidades de Columbia como médico y de Yale como psiquiatra, es catedrático de psicofarmacología y psiquiatría biológica, y ha sido uno de los pioneros en el tema de la rencarnación, como se puede descubrir en varios de sus libros: Muchas vidas, muchos maestros, Lazos de amor y Espejos del tiempo. En ellos relata su descubrimiento  hacia la  técnica de regresión hipnótica y la afinación de la misma para curar casos graves de fobias, ansiedades, depresiones y adicciones.

En el prólogo de su primer libro, el doctor Weiss confiesa que le llevó mucho tiempo decidirse a escribir sobre esto, “cuatro años reunir valor para aceptar el riesgo profesional de revelar esta información nada ortodoxa”.   Posteriormente relata su primer caso espectacular de regresiones hipnóticas hacia lo que en la literatura esotérica y las religiones orientales se conoce desde hace siglos como “vidas pasadas”. Tras varios años de utilizar la hipnosis como herramienta terapéutica, Weiss la probó para buscar el origen de la ansiedad, los ataques de pánico y las fobias de una paciente llamada Catherine.

El doctor relata cómo fue que bajo hipnosis Catherine recuperó recuerdos de “vidas pasadas” que resultaron ser los factores causantes de sus síntomas. También actuó como conducto para recibir información procedente de “entidades espirituales” altamente evolucionados que ofrecieron datos necesarios para su recuperación y la de otros pacientes y en pocos meses sus síntomas desaparecieron “y reanudó su vida más feliz que nunca”.

Cuenta el doctor que cuando estos hechos comenzaron a suceder se sintió absolutamente asombrado y desconcertado, pues en sus estudios no había nada que le hubiese preparado para algo semejante:

“No tengo explicaciones científicas de lo que ocurrió. En la mente humana hay demasiadas cosas que están más allá de nuestra comprensión. Tal vez Catherine, bajo hipnosis, pudo centrarse en esa parte de su mente subconciente que acumulaba verdaderos recuerdos de vidas pasadas; tal vez utilizó aquello que el psicoanalista Carl Jung denominó ‘inconciente colectivo’: la fuente de energía que nos rodea y contiene los recuerdos de toda la raza humana…”

El caso de Weiss no es  único, ya son varios los  profesional de la psiquiatría que se ha topado con estas cuestiones, pero quizá si uno de  de los primeros que se ha atrevido a escribir al respecto. Otros casos significativos son Roger Woolger (autor de Otras vidas, otras identidades); Brabara Ann Brennan (autora de Manos que curan y Hágase la luz) y el doctor Ian Stevenson quien ha reunido más de dos mil ejemplos de niños con recuerdos y experiencias del tipo de la reencarnación.

Es importante destacar que La hipnosis que practica Weiss no es de tipo sugestiva (de aquellas cuyo objetivo es reprogamar los hábitos de la persona), sino regresiva. Esto significa que bajo el estado de receptividad y relajación inducido por hipnosis, se puede acceder a los recuerdos que guardan relación con el origen del problema o la conducta a tratar, ya sea en esta vida o en vidas pasadas.

El mecanismo curativo central de la terapia de regresión a vidas pasadas es la transmutación del miedo en amor. Este es el mensaje de curación que quienes han experimentado la regresión a vidas pasadas difunden y practican.” Y ¿cómo se lleva a cabo esta transmutación? “Conociéndose a sí mismo. Mirando hacia adentro y viendo con claridad. Comprendiendo y adquiriendo sabiduría. Esto nos ayuda a ser más alegres y apacibles. Ésta es la esencia de cualquier curación de vidas pasadas.”

Les adjunto el enlace de la Entrevista a Brian Weiss (Parte 1 de 4) por Maria Isabel Sanchez. Esta entrevista le fue realizada en Argentina en el 2009. En la que se muestra muy claramente la perspectiva de trabajo en TVP.

http://www.youtube.com/watch?v=BCHT0buDAbI

Hoy me siento a escribir con una sensación extraña en el cuerpo. Emociones que van y vienen tratando de ordenarse unas a otras. En un día como hoy  la muerte toca la puerta para dar paso a la luz de un ser que nos deja e inicia un nuevo caminar. Del mismo modo,  en varios rincones del planeta se celebra la noche de las luces, un llamado a encender la llama en nuestro corazón.

 Ello me lleva a pensar en dos situaciones, que aunque antagónicas, tienen un punto de conexión esencial en la vida de todo ser. Uno de ellos la muerte, pero no entendida desde lo más físico y material;  sino en esos procesos de muerte que todos vamos viviendo a lo largo de nuestra vida, procesos que para algunos son lentos y dolorosos, y para otros repentinos y de shock. Y de otra parte, la luz y su simbología, lo que puede representar. Así propongo un ejercicio de reflexión partiendo de la muerte a la luz, desde una experiencia interna.

No quiero detenerme en el significado de la muerte física, pues ello me llevaría a hablar de temas mucho más profundos y sutiles que requieren de una elaboración especial; pero si quiero mencionar la muerte de modo  metafórico,  como medio para reflejar lo que puedes estar viviendo en este momento de tu vida.

Y entonces surgen las preguntas?

-          Qué dolor te aqueja en el alma y hace cuánto tiempo convives con él?

-          Es el dolor de tu alma, un dolor pasajero o necesita cuidados intensivos.

-          Tu malestar interior ya se ha reflejado en el cuerpo físico a través de algún tipo de enfermedad?

-          Ese malestar que llevas contigo, tiene algún beneficio para ti… te has preguntado qué ganas conviniendo con ese “mal” del que tanto te quejas.

-          Hay cosas o aspectos en tu vida que es necesario dejarlos “morir” para dar apertura a una nueva luz. Si es así, qué te hace continuar con ellos?

Estas son sólo algunas de las preguntas que puedes plantearte para iniciar la reflexión interior, dejándote tocar, hazlo sutilmente, sin miedo, intentando responder no desde  las palabras automáticas que pueden salir, sino usando una estrategia que te lleve más allá siempre.

Como mencione anteriormente, hoy también se encienden muchas velas en el mundo, símbolo de paz, de alegría, de navidad.  Para muchos representación de  vida, de  la salida de la oscuridad y de la verdad, de un nuevo estilo de vida, donde aparece la fiesta, un nuevo amanecer, una nueva oportunidad.

Aquí es donde podemos llegar a la segunda parte de la reflexión.

Una vez identificada es aparte o partes internas que deseas dejar ir, viene el proceso de cambio y luz para dar entrada a nuevas situaciones, alegrías y bienestar que deseamos para nuestra vida.

Piensa a qué áreas de tu vida quisieras iluminar,  enciende en tu mente una vela por cada una de estas zonas, piensa que ello será el inicio para ver con mayor claridad y poder ubicar dónde estás, cómo estas, qué es lo que pasa en esa zona, que hay que trabajar y hacia donde hay que ir.

Para ello te recomiendo hacer esta reflexión tomándote tu tiempo, dedicando unos minutos a sentirte, pensarte e iluminarte (usa tu imaginación para encender cuantas velas sea necesario, escoge los colores que más te agraden y lleguen a tu ser). Al finalizar anota en tu cuaderno de reflexiones, las sensaciones, emociones y cambios que notes durante y después del proceso, ellos serán una buena herramienta para compartir con tu guía o acompañante de proceso.

Deja que la vida continúe su obra,

tú convierte en el co-creador que permite el flujo entre la vida y la muerte siendo participe del  cambio.

He intentado pensar en un tema para escribir, y son varias cosas las que me vienen  a la mente, entre ellas palabras que me canso de ver en las noticias y los medios de comunicación, o de escuchar entre conocidos, amigos o cualquier persona con la que me encuentre, como son Crisis, Miedo, Caos, Desastre, Sin salida, etc.

Estas son sólo algunas palabras  de la larga lista que a diario nos avasalla donde quiera que vamos,  algunas de ellas hacen parte de la realidad externa que estamos viviendo;  pero más allá, se trata de una realidad interna en la que nos  hemos acostumbrado a vivir y de la que parece no podemos salir. Se podría decir que es como una “comodidad que incomoda”, yo lo asemejo a un sofá viejo, roto,  en el que ya no puedes descansar porque te magulla, pero del que no sales por costumbre, pesar o sencillamente porque no quieres, y crees que no hay mejor sofá que ese.

Algo similar está pasando en nuestras vidas,  nos hemos acostumbrado a vivir en crisis continua, miedo, caos y desesperanza, nos da miedo el cambio y nos paralizamos ante la idea de pensarnos de un modo diferente.  Y si  mañana nos levantarnos con un pensamiento distinto?

Has pensando, cómo sería tu día si te pararas unos minutos a reflexionar  que es lo que quieres hacer en tu día y qué es lo que esperas  recibir y aprender?  Y si además, te dieras la oportunidad de pensarte unas horas sin miedo, crisis, caos, desesperanza Seguro que tu vida sería diferente, más llevadera, menos sufrida y sobre todo  te abrirías a las infinitas posibilidades que puede haber a tu alrededor.

Muchas veces cuando estamos en medio de estos pensamientos inútiles y desgastantes lo único que hacemos es incrementar el torbellino interno y externo, la vida se nos convierte en una “desdicha continua” y las enfermedades empiezan a pulular por doquier.

Mi invitación este mes es a que te des la oportunidad  dejar la crisis y la parálisis interna, para adentrarte en una nueva forma de pensar, ser y actuar.

Inténtalo por pocos días, te aseguro que veras el cambio en ti, y quizá en los que te rodean. Así lo comprobaras desde tu experiencia y será más fácil crear un cambio a largo plazo.

En muchos momentos de nuestra vida, en el  día a día vamos  por el mundo preguntando qué debo hacer, cómo debo actuar, hago esto o hago o aquello;  incluso, pedimos consejo a amigos, preguntamos a los más cercanos y buscamos que otros nos den respuesta quitándonos el poder de escuchar nuestra voz interior. Incluso hacemos caso y actuamos o tomamos nuestras decisiones  en función de lo que los demás nos han dicho, sin que necesariamente ello sea lo que resuene en nuestro interior. Este modo de actuar y vivir, tiene duras consecuencias, ya que  estamos  actuando en contra de nuestro instinto, de nuestro ser, y nuestros verdaderos deseos  y,  por tanto, la mayor parte del tiempo nos sentiremos como si estuviéramos en el lugar equivocado.

Supongo que a todos nos ha pasado, y la típica r reacción es hacer como que nada pasa, como que todo va  bien, pero con el tiempo,  el alma  va pidiendo su espacio y su lugar, la fuerza interna ira gritando este no es mi sitio y empieza el malestar interior a tomar fuerza. Justo allí es cuando la queja, el reclamo y la incomodidad se apoderan de la persona, de su lenguaje y su ser.

La invitación entonces, es a dejarnos sentir, escuchar la voz interior,  sin necesidad de seguir una pauta, un guion. Seguro que al inicio no “sabrás” que es lo que pasas, pues esa voz interior necesita recobrar su lugar, su fuerza, y ser escuchada. Se trata se silenciar la mente, abrir las puertas del alma y escuchar en el interior la respuesta, seguro que con la práctica  sabrás claramente por dónde debes seguir, cuál es el camino que deberás tomar en cada momento; pero sobre todo, sabrás que lo que hagas lo que hagas  estarás actuando en concordancia con el amor profundo de los más interno de tu ser.  Y así en vez de ir a contra corriente, iras yendo por el rio de la vida, de modo tal, que el viaje de tu vida será más ligero y podrás disfrutarlo de otro modo.

Recientemente he estado trabajando con   varias mujeres en un espacio personal, y en ellas he encontrado un denominador común que es el que me lleva hoy a escribir esta reflexión.

Escucho las voces de mujeres sumidas en el miedo de ser ellas mismas, agotadas  energéticamente por la necesidad de agradar, y exhaustas de  usar armaduras y ropajes que  cubren su verdadera fuerza y feminidad. Son voces de mujeres que ya parecen no tener fuerza, pues la carga de la armadura que han decidido usar es más pesada que sus propios cuerpos.

Armaduras, trajes, comportamientos, y todo tipo de culpas que se asumen consiente o inconscientemente con  un único  objetivo, Agradar a otro.

Entonces, vienen a mi mente  mensaje recibido en la infancia, que resuenan  no solo en mí, sino en  cientos de mujeres  que crecimos y vimos escuchando frases como: “tienes que ser buena, no grites, no digas palabrotas,  no contestes, compórtate en todo momento,  las niñas deben estar siempre limpias y arregladas, no salgas a la calle porque te ensuciase, etc…”.

Valdría la pena seguir  con la lista, seguro que entre todas podríamos hacer un registro enorme con este tipo de frases, que con el tiempo hemos convertido en decretos y por tanto los asumimos, creemos y vivimos;  aunque en el fondo, nos choquen, nos limiten y sobre todo nos quien la fuerza para ser nosotras mismas.

La pregunta entonces es, Yo, todo esto qué hago, por qué lo hago? A quién estoy buscando agradar?

Un buen inicio para la reflexión es hacer una lista de estos mensajes que recibiste de niña, que escuchaste y que resuenan constantemente en ti, ellos se convertirán en el punto de partida para tu trabajo personal. No se trata de juzgarlos, se trata de verlos y analizarlos a la luz de unos ojos nuevos, y un corazón dispuesto a quitarse la armadura, romper los trajes limitantes para iniciar así el viaje reconciliador con tu verdadero ser MUJER.

Una de las cosas más importantes que debemos trabajar en un proceso de crecimiento y expansión de conciencia, es el perdón, pero no entendido como se nos ha explicado siempre a través de la religión o las creencias. Se trata de un perdón que busca liberar de las emociones que la experiencia nos ha dejado;  liberarnos de dolor que ha podido causar esa persona o situación  en nuestra vida,  pero sobre todo darnos la posibilidad de  liberarnos de la atadura del dolor pasado que cala en nuestro presente y se manifiesta en nuestra vida diaria a través de pequeños escollos que no entendemos de dónde vienen o por qué están allí.

Trabajar el perdón es un ejercicio que se hace desde el amor más profundo, un amor a ti mismo y un deseo amoroso para aquella persona que en su momento  estuvo en la situación.

Cuando se trabaja el perdón desde una perspectiva amorosa, nos permitimos volver al momento crucial en el que   la situación dolorosa se incrustó en nuestra  vida dejando una huella que parece imborrable. Sin embargo, al volver y trabajar el perdón, el amor y la reconciliación con la persona y la emoción que nos generó, estamos haciendo que esa huella se desdibuje como cuando  pintamos en la arena frente al mar. Y  en muchos casos, incluso luego ni recordemos que estuvo allí, con nosotros durante años.

Trabajar el perdón desde la mirada amorosa, permite quitar las espinas clavadas en el alma y en el corazón, dando espacio y tiempo a sembrar un nuevo jardín decorado con flores de mil colores, nuevos aromas y la posibilidad de ver el aquí y el ahora sin malestar.

Te invito así a  trabajar el perdón de esas situaciones dolorosas que llevas dentro.

Lo que vemos en los demás nos dice mucho de nosotros mismos. En nuestra consciencia, los demás actúan como un espejo, en el que vemos reflejadas diferentes cualidades o aspectos del ser.

Cuando vemos un defecto en alguien y sentimos desagrado y rechazo, sin duda esto indica que de alguna manera ese defecto existe en nuestro interior. Es nuestra inconsciencia lo que nos hace pensar que el defecto sólo existe “ahí fuera”, en esa otra persona. Si vemos en alguien ese mismo defecto e internamente nos sentimos neutrales o comprensivos o empáticos, entonces podemos entender que estamos en una consciencia correcta y espiritual.

Para impulsar de forma activa nuestro proceso de transformación interior, es muy importante practicar de manera consciente el enfocar nuestra atención en las especialidades, virtudes y cualidades positivas de los demás. Esta atención consciente e intencional nos beneficia y fortalece, ya que todo lo que apreciamos y reconocemos en los demás, se potencia también en nuestro interior.

Se trata  en tanto, de un proceso que se debe practicar día a día. Muchas veces  estamos atentos, iniciamos uno, dos, tres días y hasta una semana, pero decaemos en el intento u olvidamos nuestro objetivo. Por ello es importante recordar que es una  acto amoroso que hacemos con nosotros mismos y con los demás, que requiere práctica, constancia y  sobre todo una capacidad activa de reconocer  esos momentos  en los que el maremágnum de mensajes,  pensamientos y palabras sobre lo “negativo”  que vemos sobre los otros se desborda.

Por tanto, permanecer en  un continuo proceso de transformación interior, nos lleva a  perfeccionar nuestra técnica  de atención sobre lo que pensamos, sentimos y decimos de los otros; así el ejercicio de reconocer los positivo y cambiar el lente con el que vemos a los demás , se convierte en un modo de ser y de estar.

Te invito a intentarlo,  seguro que notaras un cambio en cómo te ves a ti mismo y cómo ves a los demás.

La vida es como una obra de teatro en la que cada uno interpreta su propio papel, al igual que te rodeas de muchos otros actores que también interpretan sus propios papeles. Al inicio de la obra no sabes qué escenas van a aparecer o en qué momentos debes cambiar, pues los imprevistos vienen para cada actuación, así que tienes que prepararte para lo que sea que pueda suceder.

En ocasiones, TU OBRA puede ser un gran éxito sin que realmente lo hayas estado buscando… a veces haces grandes esfuerzos por conseguir algo, y sin embargo no funciona y parece un fracaso. En ocasiones otros consiguen lo que tú siempre has querido, y a veces tú consigues lo que otros han estado intentando conseguir.

Es importante saber extraer el beneficio de cada escena para nuestro progreso en la vida.

Por ejemplo:

  • ¿cuál es mi relación con el fracaso?
  • ¿El fracaso me desanima o me deprime?
  • ¿Soy tolerante a los cambios y me adapto en cada actuación?
  • ¿Veo el fracaso como una experiencia de aprendizaje?… ¿Algo que me permitirá desarrollar mayor sabiduría para la próxima vez, de forma que mi preparación sea mejor y no vuelva a cometer el mismo error?


El arte de ser un observador desapegado nos capacita a relacionarnos con la vida de una manera muy equilibrada.

Hay ocasiones en las que tenemos que actuar e interpretar nuestro papel de una manera muy activa. En otras ocasiones, lo correcto es hacerse a un lado de la escena y simplemente observar. La habilidad de cambiar de estar en el centro del escenario a ser parte de la audiencia… y volver de nuevo, nos capacita para disfrutar las escenas de la vida, sin quedarnos exhaustos debido a escenas que no nos gustan o perdernos en las que nos gustan.

Cuando podemos ver las cosas como el observador desapegado, entonces somos muy útiles para los demás, para ayudar, para ofrecer apoyo, para ver las cosas desde una nueva perspectiva,tomando decisiones sanas basadas en el amor, el respeto y el desapego profundo.

Las expectativas nacen del apego e identificación a una creencia o imagen mental de cómo tienen que ser las cosas. Si exploramos un poco por debajo de la superficie, veremos que generalmente hay un deseo de controlar, de tener control sobre la situación, persona o personas objeto de nuestras expectativas.

Se dice que tener expectativas es hacer una invitación abierta a la irritación. Para identificar y reconocer nuestras expectativas, un método sencillo es auto-observarnos y detectar aquellos momentos en los que se genera intranquilidad o irritabilidad en nuestra mente.

Con una actitud neutral y honesta, en esos momentos en los que detectamos una reacción interna ante algo que está sucediendo, nos podemos preguntar: “¿A qué resultado estoy apegado? ¿Qué es lo que no encaja con mis expectativas?”.

En el momento en que nos damos cuenta y alcanzamos un nivel de comprensión de lo que nos sucede, gran parte del problema ya ha desaparecido. Cuando reconocemos que tenemos expectativas y que éstas nos impiden mantener tranquilidad y estabilidad en nuestra mente, el siguiente paso es aprender a distanciarnos y desapegarnos internamente de las mismas. Puede ser en relación al comportamiento de una persona, tenemos la expectativa de que nos trate de cierta manera, o de que no nos critique o de que sea amable, y nada de eso sucede. O bien podemos tener la expectativa de que las cosas sucedan de una forma determinada, de acuerdo a nuestros deseos, y nuevamente nada de lo que esperamos sucede. En cualquiera de estos casos, el indicador de que tenemos apego y expectativas es el nivel de estrés e irritación que se genera en nuestra mente.

Liberarse de expectativas es esencial para disfrutar de la vida desde una mente tranquila y abierta. Un principio que nos ayuda a crear la actitud mental necesaria y desapegada para descartar las expectativas es el de que, en realidad, no podemos controlar nada externo a nosotros, pero lo que sí podemos controlar y manejar plenamente es la actitud interna desde la que respondemos a las situaciones de la vida.

Brahma Kumaris World Spiritual University  

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